La creciente desconfianza en las pymes provoca que cada vez haya menos inversión. Como consecuencia, se cierne sobre los empresarios un nubarrón de pesimismo e incertidumbre. Sin embargo, tenemos las claves para tener un buen liderazgo empresarial incluso en tiempos de tormenta.

El pasado 16 de enero, el Instituto Nacional de Estadística publicó los resultados de su último estudio sobre confianza en proyectos empresariales. El Índice de Confianza Empresarial Armonizado ha descendido un 0,4% en el primer trimestre de 2020 respecto al último del año anterior. De ahí que el índice de desánimo de los empresarios esté cayendo en picado.

Poco más del 15% considera que la marcha de su negocio irá bien en los tres primeros meses del año, sin embargo, el 20% cree que será nefasto. Por otro lado, la gran mayoría, el 65% opina que estará dentro de la normalidad, por lo que, no tiene esperanzas de mejorar. La gran diferencia radica en que un 20% consideró que su negocio fue enriquecedor el último trimestre del año pasado.

Bien es cierto que una pequeña caída del consumo en el primer mes del año es normal, ya que venimos de los excesos de compras y consumo de Navidad, pero la caída de este 2020 ha sido fuerte. Los sectores peor parados con este último estudio son la hostelería, comercio y transporte. Las Comunidades Autónomas más optimistas son Aragón, Extremadura y Madrid. Por otro lado, reina la desconfianza en Cantabria, que ha registrado una caída del 5,5%.

¿Qué se puede hacer ante una situación así? Josu Imanol Delgado y Ugarte y David Rodríguez Calderón consideran que lo más importante es mantener una figura de liderazgo. A través de esta, se puede conseguir crear el clima de confianza tan necesario en estos tiempos. En su libro «El liderazgo en la dirección de empresas», tratan las claves para ser capaces de generar la seguridad para poder crear o mantener un negocio.

El liderazgo

«En toda empresa siempre existen un cierto número de líderes, que son las personas que son seguidas por los demás trabajadores, y que lógicamente son tomadas como referencia para la sopción de decisiones», explican José y David en su libro.

Hay diferentes tipos de dirección de empresas: autocrítica, paternalista, sin dirección definida, de consenso, burocrática, institucional y moderna.

Las dos principales características que ha de tener un líder son la confianza y el respeto. Para poder generarlas es muy importante contar con una buena comunicación verbal. Ha de informar de todo a su equipo de trabajo. Por otro lado, también tiene que saber escuchar, para poder atender las necesidades y problemas que se le pueden presentar a sus trabajadores. Otros puntos, no menos importantes a tener en cuenta, son: la perseverancia con el trabajo, la adaptación a los cambios, la ayuda prestada al resto del equipo, así como, la construcción de relaciones sólidas y un buen manejo de la situación en casos de crisis.

Capacidad de persuasión

Esta cualidad es la más importante de todas. Podríamos definirla como el arte del convencimiento. Gracias a ella, «los líderes consiguen que sus empleados, o seguidores, cumplan todas sus órdenes  sin necesidad de que pedírselo de manera directa», comentan Josu y David en su libro.

La persuasión no se trata de manipular o engañar, sino de conseguir lo que uno quiere y, además, quedar bien. Es fundamental en las relaciones empresariales, ya que se basa en la empatía y la inteligencia emocional. Al fin y al cabo, acaba convirtiéndose en una negociación. Por este motivo, ahora que reina la desconfianza y el pesimismo en el mundo empendedor, es vital trabajar esta capacidad.

Algunas de las claves para lograr tener un buen poder de convencimiento son: generar confianza y transmitir estabilidad, ser moderado, mantener la calma y comunicar de manera clara. Una vez conseguido esto, todo irá sobre ruedas.